La cristología de Apolinar, al negar que Cristo tenga una humanidad completa, le quita cualquier capacidad humana de elegir y de amar, con lo cual también desaparece la capacidad de obedecer y, consiguientemente, la capacidad de salvarnos por medio de su ofrenda sacerdotal (que, como tal ofrenda, tenía que ser libre con libertad humana).
Con Arrio se alcanzó la formulación extrema del subordinacionismo, según la cual el Verbo es una cosa hecha por el Padre, una criatura.
Arrio no entendió que el orden interno de la Trinidad no significa prioridad temporal, ni una subordinación en el terreno del ser.
Etimológicamente se deriva del término griego hypostasis, en latín substantia, essentia, en español substancia, esencia. Este significado original en la teología cristiana se abandonó cuando el término griego ousía, que significa también esencia, substancia, se reservó para expresar la esencia divina común al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, mientras que el de hipóstasis se reservó para designar a las Personas.
Las expresiones unión hipostática o unión según la hipóstasis se utilizan para significar que, en Cristo, la naturaleza humana y la naturaleza divina están unidas en la hipóstasis del Verbo, es decir, en la Persona del Verbo.
Según ellos, aunque en Cristo haya de hecho dos naturalezas perfectas, en el querer y en el actuar hay una sola operación y una sola voluntad.
Lo que más se recuerda del Concilio de Éfeso es su definición de que Santa María es verdadera Madre de Dios, Theotokos. Santa María es Madre de Dios en sentido estricto, porque las relaciones de maternidad y filiación son relaciones de las personas y no de las naturalezas.